PRAGA – La economía checa mantuvo un desarrollo positivo en el segundo trimestre del año en curso y, según la estimación preliminar de la Oficina Checa de Estadística (ČSÚ), creció un 2,0 por ciento interanual, mientras que en comparación con el trimestre anterior aumentó un 0,4 por ciento. El resultado se corresponde con las expectativas de la mayoría de los analistas y confirma la continua estabilización de la economía tras los años anteriores marcados por la alta inflación, la crisis energética y la desaceleración de la economía europea.

El motor de crecimiento más importante fueron, según las estadísticas, el gasto de los hogares, que se benefició de la mejora gradual del poder adquisitivo de la población y de una evolución más estable de los precios. Los consumidores, tras un período de cautela, vuelven a gastar más en bienes y servicios, lo que impulsa la demanda interna e influye positivamente en el rendimiento de toda la economía.

Además del consumo de los hogares, la demanda exterior también contribuyó al crecimiento, apoyando especialmente a las empresas orientadas a la exportación. Por sectores, la mayor contribución correspondió a la industria, seguida del comercio, el transporte y las tecnologías de la información. Precisamente la combinación de un consumo interno más sólido y un rendimiento estable de las empresas industriales ayudó a compensar los resultados más débiles de algunos otros sectores.

Una buena noticia es también la evolución del mercado laboral. El empleo creció un 0,9 por ciento interanual, lo que confirma la continua alta demanda de mano de obra por parte de los empleadores. El empleo estable, a su vez, sostiene los ingresos de los hogares y crea margen para un mayor crecimiento del consumo.

Sin embargo, los economistas advierten de que el favorable desarrollo puede verse afectado en los próximos meses por una serie de factores externos. La mayor atención se centra en la persistente tensión en Oriente Medio, que a través de precios más altos del petróleo podría elevar los costes de las empresas y los hogares. Un eventual aumento de los precios de la energía podría trasladarse a la inflación y ralentizar el ritmo de crecimiento económico.

A pesar de estos riesgos, las previsiones para el conjunto del año en curso siguen siendo relativamente optimistas. La mayoría de los analistas espera que la economía checa crezca en torno a dos por ciento durante todo el año. A ello deberían contribuir el consumo continuado de los hogares, la situación estable en el mercado laboral y la gradual recuperación de la economía europea, que es el mercado clave para los exportadores checos.

La evolución futura dependerá principalmente del entorno exterior, la política monetaria y la evolución de los precios de la energía. Los resultados obtenidos hasta ahora sugieren, sin embargo, que la economía checa, a pesar de los persistentes riesgos geopolíticos y económicos, mantiene su resiliencia y continúa con un crecimiento gradual.

gnews.cz - GH