El ciclista esloveno Tadej Pogačar se apuntó en julio de 2026 su quinta victoria general en el Tour de Francia. Con este éxito se situó definitivamente al lado de los cinco legendarios corredores que lograron ganar la carrera por etapas más prestigiosa del mundo en cinco ocasiones: Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Bernard Hinault y Miguel Indurain. La dominancia de Pogačar en los últimos años ha adquirido así una dimensión histórica que va más allá de las meras estadísticas.

Pogačar, corredor del equipo UAE Team Emirates, ganó el Tour de Francia por primera vez en 2020, siendo uno de los vencedores más jóvenes de la historia. Le siguieron los triunfos de 2021, 2024, 2025 y ahora 2026. Su estilo de conducción, caracterizado por una fuerza explosiva en las etapas de montaña, una excelente contrarreloj y madurez táctica, le ha permitido dominar repetidamente la clasificación. En 2026 logró mantener el maillot amarillo durante la mayor parte de la carrera y confirmar su posición como la figura más destacada del ciclismo en ruta actual. Con cinco victorias, igualó el récord que los expertos consideraban durante décadas casi inalcanzable.

La comparación histórica con el «quinteto de los grandes» no es meramente formal. Anquetil dominó en los años 50 y 60 gracias a su precisa contrarreloj, Merckx en los 70 por su versatilidad y agresividad, Hinault en los 80 por su combatividad e Indurain en los 90 por su superioridad física en la montaña y en las contrarrelojes. Pogačar combina elementos de todos estos enfoques y, al mismo tiempo, representa a una nueva generación de ciclistas que creció en la era de la ciencia deportiva avanzada, el análisis detallado de datos y el pelotón globalizado. Su éxito es también un reflejo de la fuerza de la escuela ciclista eslovena, que en la última década ha formado a varios corredores de élite.

Sin embargo, además del significado deportivo, el Tour de Francia de este año volvió a abrir el debate sobre la sostenibilidad del ciclismo profesional en el contexto del cambio climático. El verano de 2026 trajo de nuevo a Europa temperaturas extremas y olas de calor que afectaron también a los recorridos de la carrera. Los corredores y los equipos organizadores se enfrentaron a temperaturas superiores a los 35 °C, a un mayor riesgo de deshidratación y a la necesidad de adaptar los protocolos de entrenamiento y competición. Estas condiciones se están convirtiendo en los últimos años en la norma más que en la excepción.

La Unión Ciclista Internacional (UCI) y los organizadores del Tour de Francia ya han adoptado algunas medidas: ampliación de las ventanas horarias para las salidas, refuerzo de las zonas de hidratación, posibilidad de acortar etapas en caso de calor extremo y mayor énfasis en el control del estado de salud de los corredores. Los equipos invierten en chalecos de refrigeración, estrategias nutricionales especiales y materiales con mejores propiedades de termorregulación. Sin embargo, sigue siendo una cuestión abierta cómo compatibilizar a largo plazo la forma tradicional de una carrera por etapas de tres semanas con el aumento de las temperaturas y la inestabilidad meteorológica.

Otro aspecto es la huella ecológica de la propia carrera. El Tour de Francia genera emisiones considerables debido a los desplazamientos de los vehículos de acompañamiento, las producciones televisivas, la logística y los viajes de los equipos. Los organizadores han ido introduciendo en los últimos años vehículos híbridos y eléctricos, reduciendo el número de coches de acompañamiento y fomentando proyectos de compensación. Algunos equipos experimentan con materiales más sostenibles en la ropa y el equipamiento. Sin embargo, los críticos señalan que estas medidas son todavía bastante parciales y que el ciclismo profesional en su conjunto debe reconsiderar sistemáticamente su modelo de funcionamiento.

El debate sobre la sostenibilidad no se refiere únicamente a cuestiones medioambientales. También abarca la protección de la salud de los corredores, que están expuestos a condiciones cada vez más extremas, y el futuro formato del calendario de carreras. Algunos expertos proponen una mayor flexibilidad en los recorridos, el traslado de algunas etapas a períodos más templados o un mayor énfasis en las carreras regionales con menor carga logística. Otros argumentan que el Tour de Francia es una institución cultural cuya tradición no debería alterarse radicalmente, y que el avance tecnológico y la adaptación pueden hacer frente a los problemas.

La quinta victoria de Pogačar llega así en un momento en que el ciclismo profesional se encuentra en una encrucijada. Por un lado, la excelencia deportiva y los hitos históricos; por el otro, la necesidad de responder a las cambiantes condiciones climáticas y a las crecientes expectativas sociales en materia de sostenibilidad. Su éxito evoca la continuidad de los grandes campeones del pasado, pero al mismo tiempo subraya que el futuro de este deporte dependerá no solo del talento y la preparación de los corredores, sino también de la capacidad de todo el ecosistema del ciclismo para adaptarse a las nuevas realidades.

Sea cual sea el ángulo desde el que contemplemos el Tour de Francia de este año, la actuación de Pogačar sigue siendo absolutamente extraordinaria y merece toda la admiración. Sin embargo, junto a la celebración de este hito histórico, es del todo pertinente abrir el debate sobre cómo garantizar que el ciclismo siga siendo atractivo, seguro y respetuoso en una época en que los fenómenos meteorológicos extremos se están convirtiendo en la nueva norma. La manera en que el deporte afronte estos desafíos decidirá de forma determinante su configuración en las próximas décadas.

Prokop Stach