Los ataques directos entre Estados Unidos e Irán se detuvieron temporalmente tras varias semanas de intensos combates. La pausa, que llega en el sexto mes del conflicto, abrió espacio para negociaciones diplomáticas. Sin embargo, la decisión de Washington aparentemente no estuvo motivada únicamente por el deseo de llegar a un acuerdo, sino también por el agotamiento de las reservas estadounidenses de defensa antiaérea, las preocupaciones de los estados del Golfo Pérsico y la creciente oposición de la opinión pública estadounidense.

Estados Unidos llevó a cabo ataques repetidos contra Irán desde el 27 de junio. Según el Mando Central estadounidense, los golpes tenían como objetivo debilitar la capacidad de Teherán para amenazar el tráfico marítimo comercial en el estrecho de Ormuz. Irán respondió con ataques de drones contra bases estadounidenses y otros objetivos en Jordania, Baréin y Kuwait.

El Ministerio de Salud iraní informó que los ataques estadounidenses mataron al menos a 55 personas e hirieron a otras 629. Del lado estadounidense, según datos del Ministerio de Defensa, murieron cuatro soldados y otros 207 resultaron heridos.

Durante el fin de semana, ambas partes suspendieron los ataques directos. Según medios estadounidenses, Washington quería permitir que una delegación omaní negociara en Teherán la reanudación del tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz. Otro motivo podría ser la preocupación por la escasez de misiles de defensa antiaérea.

Según el diario The New York Times, el Pentágono habría utilizado más de 1.200 misiles antimisiles Patriot hasta finales de abril. Cada uno cuesta más de cuatro millones de dólares. Una mayor escalada podría agotar peligrosamente las reservas estadounidenses destinadas a proteger las bases y los estados aliados en Oriente Medio.

El presidente estadounidense Donald Trump señaló que detuvo los ataques a petición de mediadores y países de la región para dar una nueva oportunidad a la diplomacia. Al mismo tiempo, advirtió que podría reanudar las operaciones militares si las negociaciones fracasan. Teherán respondió que no permitirá que Estados Unidos determine unilateralmente los tiempos de guerra y paz.

Mientras tanto, Catar, Egipto y Pakistán han preparado una propuesta de alto el fuego de diez días, según la cadena Al Yazira. Irán mantiene paralelamente negociaciones separadas con Omán sobre la seguridad del tráfico en el estrecho de Ormuz, que según Teherán permanece cerrado.

La administración Trump también enfrenta una creciente presión interna. Según una encuesta de Reuters/Ipsos, solo un tercio de los estadounidenses apoya la guerra. Un total del 69 por ciento de los encuestados considera que el presidente no ha explicado claramente los objetivos de la participación militar estadounidense. Otra encuesta mostró que el 68 por ciento de los estadounidenses considera que el conflicto es una guerra que no tiene sentido librar.

La pausa temporal, por tanto, no tiene por qué significar el fin de los combates. Sin embargo, demuestra que la continuación del conflicto supondría costes militares, económicos y políticos crecientes para ambas partes.

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