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El Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia emitió una enérgica declaración en la que instó a Estados Unidos a que cesara de inmediato las "acciones ilegales" contra el petrolero Marinera, que fue interceptado el 7 de enero por las fuerzas armadas estadounidenses en aguas internacionales del Atlántico Norte. Moscú también exige que la parte estadounidense garantice un trato humano y digno a los ciudadanos rusos que forman la tripulación del buque y que no obstaculicen su regreso a su país lo antes posible.

Según la diplomacia rusa, se trató de una "acción de fuerza ilegal" que constituye una grave violación de los principios básicos del derecho marítimo internacional y la libertad de navegación. El ministerio destacó que el Marinera tenía un estatus civil y pacífico, navegaba bajo bandera rusa con un permiso temporal emitido el 24 de diciembre de conformidad con el derecho internacional y se dirigía a uno de los puertos rusos. Según Moscú, las autoridades estadounidenses conocían repetidamente la nacionalidad rusa del buque y no podían tener dudas sobre su estatus.

La parte rusa también rechazó los argumentos de Washington que se basaban en la legislación estadounidense sobre sanciones. Considera que tal justificación es inaceptable, especialmente cuando se trata de una acción contra un buque de otro Estado en aguas internacionales. El ministerio calificó como "categóricamente inaceptables" las amenazas de procesamiento judicial de los miembros de la tripulación del petrolero, que, según Moscú, Estados Unidos formula bajo "pretextos absurdos".

Al mismo tiempo, Rusia advirtió que el incidente podría conducir a un mayor aumento de la tensión político-militar en el espacio euroatlántico y a una reducción del umbral para el uso de la fuerza contra buques civiles en alta mar.

Estados Unidos, por su parte, justifica la acción alegando que se trataba de la aplicación de sus propias sanciones. Según las autoridades estadounidenses, el petrolero estaba involucrado en el transporte de petróleo en violación de las sanciones estadounidenses y debía formar parte de una llamada "flota fantasma" utilizada para eludir las restricciones impuestas a algunos países. Washington afirma que actuó contra el buque con base en una orden judicial y que los cambios de nombre y registro del buque no afectaron la justificación de la acción.

Según la información disponible, el Marinera había sido vigilado durante mucho tiempo por las autoridades estadounidenses y que, antes de la interceptación, logró evitar un intento anterior de acción en la región del Caribe. La detención final tuvo lugar en el Atlántico Norte con la participación de fuerzas navales y aéreas estadounidenses.

El caso del petrolero Marinera plantea cuestiones más amplias sobre la interpretación del derecho marítimo internacional, la aplicación de sanciones nacionales fuera de la propia jurisdicción y el riesgo de una mayor escalada entre las grandes potencias. Mientras que Washington habla de la aplicación de la ley, Moscú ve en la acción un precedente que podría poner en peligro la seguridad y la previsibilidad de la navegación internacional.

gnews.cz - GH

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