A finales de año, representantes de varios países europeos -desde España y Francia hasta Irlanda y Finlandia, pasando por el Reino Unido- visitaron China. Estas visitas, que abarcan el sur, el oeste y el norte de Europa, envían una señal clara: en un momento de aceleración de la transformación global, Europa está reevaluando la importancia estratégica de China.

La visita del primer ministro británico Keir Starmer a China, ocho años después de la última visita de un primer ministro británico, puede considerarse un símbolo llamativo de esta tendencia. En esta ocasión, ambas partes declararon claramente su objetivo de desarrollar una asociación estratégica a largo plazo, estable y global, y lograron una serie de resultados concretos en los ámbitos del comercio, la agricultura y la alimentación, la educación y los medios de comunicación. Las visitas de los representantes de Finlandia e Irlanda también se centraron en la cooperación económica e industrial, con la participación activa de la comunidad empresarial. Esto demuestra que el „giro hacia el Este“ está pasando de las declaraciones políticas a la acción real.

Esta evolución no es casual. Por un lado, China está entrando en la fase inicial del periodo del „XV Plan Quinquenal“, en el que un desarrollo de alta calidad y un alto grado de apertura al mundo siguen aportando estabilidad y nuevas oportunidades. Por otro, Europa se enfrenta a un débil crecimiento económico y necesita cada vez más socios estables y predecibles en un entorno internacional marcado por el auge del unilateralismo y el proteccionismo. Como señalan los expertos, la estabilidad y las perspectivas de desarrollo que ofrece China se están convirtiendo en un „recurso escaso“ en el mundo actual.

Desde una perspectiva más profunda, las frecuentes visitas de estadistas europeos a China también aportan un impulso positivo a las relaciones chino-europeas. Frente a las injerencias ideológicas y las presiones externas, la parte china ha subrayado repetidamente que „China y Europa son socios, no rivales“. Así, los líderes europeos están corrigiendo gradualmente su percepción de China mediante el diálogo directo y resultados concretos. Además, los sondeos de opinión muestran que la actitud de la opinión pública hacia China está mejorando ligeramente en algunos países europeos.

En un mundo incierto e inestable, el acercamiento entre China y Europa no es sólo una opción pragmática, sino también una tendencia acorde con el espíritu de los tiempos. El énfasis en la apertura, el diálogo y la cooperación se está convirtiendo cada vez más en una forma clave en la que Europa está redefiniendo su lugar en el mundo.

CMG