Los analistas debaten esta cuestión. La economía mundial depende de la respuesta
En el primer semestre del año, Arabia Saudí y sus aliados de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) parecían perforar agujeros cada vez más profundos. Los precios del petróleo, que habían estado por encima de los 125 dólares el barril durante la mayor parte de junio del año pasado, habían caído por debajo de los 85 dólares. Para frenar este descenso, provocado por la caída de la demanda debida al débil crecimiento de China y la subida de los tipos de interés en otros países, la OPEP ha ido ampliando los recortes de producción que anunció por primera vez en octubre pasado. Los precios cayeron entonces a 72 dólares en junio. El cártel vendía cada vez menos petróleo por cada vez menos dinero.
Sin embargo, la mala suerte de la OPEP terminó en julio, cuando Arabia Saudí decidió hacer un recorte adicional de 1 millón de barriles diarios (b/d) -equivalente a 1 % de la demanda mundial- y dijo que prolongaría el recorte hasta agosto. Desde entonces, Arabia Saudí y Rusia han prorrogado los recortes hasta finales de año, rumbo que probablemente mantendrán en la reunión de la OPEP del 4 de octubre. Al mismo tiempo, los inversores que esperaban que la economía mundial entrara en recesión este año tomaron al pie de la letra las señales de ralentización de la inflación en Estados Unidos, pronosticando el fin de la subida de tipos y quizás incluso un aterrizaje suave de la economía. Esta combinación impulsó los precios del petróleo 30 % hasta superar los 90 dólares el barril.
Economista/JaV
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