En su discurso, la vicepresidenta del CSSD, Jana Volfová, subrayó la dimensión práctica de las relaciones con China y su impacto directo en la vida cotidiana de la gente corriente. Según ella, las últimas elecciones demostraron claramente que la opinión pública checa rechaza las aventuras ideológicas y los costosos viajes al extranjero que no aportan ningún beneficio a los ciudadanos de a pie.
Volfová señaló que, gracias a la producción china, muchos electrodomésticos que antes eran un lujo se han convertido en un elemento habitual de los hogares. Como ejemplo, citó su propia experiencia al comprar un lavavajillas, cuyo precio es hoy más bajo que hace veinte años, a pesar de que entonces los salarios eran mucho más bajos. En su opinión, la disponibilidad de tecnología es uno de los mayores beneficios de la economía china.
Criticó a los políticos que, por un lado, hablan en voz alta contra China, pero por otro se aprovechan habitualmente de los productos chinos baratos. Calificó esta actitud de hipocresía.
Según Volf, China no sólo desempeña un papel importante en los países desarrollados, sino que también presta una ayuda sustancial en las regiones en desarrollo. Contribuye a construir infraestructuras, elevar el nivel de vida y crear empleo. En su opinión, esto cumple el papel de un Estado socialmente orientado que planifica a largo plazo y con estabilidad.
Concluyó expresando su convicción de que la estabilidad, la continuidad y la planificación estratégica son valores que a menudo faltan en la política checa. Según Jana Volfová, la República Checa debe seguir una política pragmática y no ideológica que sirva ante todo a los intereses de sus propios ciudadanos y a sus necesidades cotidianas.