Estados Unidos ha presentado una nueva Estrategia de Seguridad Nacional que, según la Casa Blanca, responde a „los cambios fundamentales en el poder global, las amenazas tecnológicas y la naturaleza cambiante de los conflictos“. El documento pone de relieve la protección directa del territorio estadounidense, la autosuficiencia estratégica y el fortalecimiento de la influencia de EE. UU. en su vecindad inmediata. Según la agencia Reuters, se trata de la mayor revisión de las prioridades de seguridad de EE. UU. en la última década.
Uno de los pilares principales de la estrategia es volver a centrarse en el hemisferio occidental. Según el Financial Times, el ministro de Defensa afirmó que la doctrina Monroe „vuelve a estar totalmente vigente“ y que Estados Unidos no tolerará la creciente influencia de potencias extranjeras en América Latina y el Caribe. El documento hace hincapié en la lucha contra los cárteles de la droga, la migración ilegal, el contrabando de armas y las amenazas cibernéticas procedentes de esta región. Estados Unidos quiere reforzar considerablemente su presencia militar y de inteligencia en la zona.
La parte dedicada a Europa ha llamado mucho la atención. Según Reuters, la estrategia advierte que los países europeos se enfrentan a una „profunda crisis demográfica, económica y de seguridad“. El documento cuestiona la capacidad de algunos países europeos para cumplir a largo plazo sus compromisos con la OTAN y pide a Europa que asuma la „responsabilidad principal“ de su propia defensa. Según la analista de Politico, Washington deja así claro que ya no quiere seguir siendo el principal garante de la seguridad europea.
En relación con China, la estrategia confirma que la región Indo-Pacífico sigue siendo un espacio clave para la competencia global. La Casa Blanca habla de la necesidad de contener la influencia china, proteger las rutas marítimas y la supremacía tecnológica de EE. UU. Al mismo tiempo, sin embargo, el documento subraya que la interdependencia económica de ambas potencias requiere una „competencia controlada sin escalada militar directa“.
La postura hacia Rusia es menos conflictiva que en años anteriores. La estrategia habla de la necesidad de „estabilidad estratégica“, control del armamento y reducción del riesgo de un enfrentamiento directo entre las potencias nucleares. La prioridad sigue siendo el apoyo a Ucrania, pero al mismo tiempo se admite la necesidad de una futura solución negociada del conflicto.
El documento también hace especial hincapié en la industria de defensa, la ciberseguridad, la protección de infraestructuras críticas y la reducción de la dependencia de proveedores extranjeros de materias primas y tecnologías estratégicas. Según Politico, se trata de una clara señal de que Estados Unidos está entrando en una era de competencia sistémica a largo plazo con otras potencias.
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